61 / 62

ANTE LOS DEFICIENTES RESULTADOS

Y LA ADVERSA CAMPAÑA MEDIÁTICA

SE PRODUCE EL CESE DEL TÉCNICO CASIMIRO BENAVENTE

SIENDO SUSTITUIDO POR PACO CAMPOS

 

 

9 de agosto 1961

 

 

 

 

 

 

 


 

Se comenzaba la temporada 61-62 con un esperanzador triunfo en el Estadio La Virgen el 3 de septiembre de 1961 ante el C.D. Villarrobledo por un tanto a tres.

 

 

Clara y rotunda victoria ante el Cádiz por 3 tantos a cero.

Juanito Guedes la figura del partido

Formación de la U.D. Las Palmas que vencería al Cádiz por tres tantos a cero con goles de Erasto y Santamaría (2). En la imagen, de izquierda a derecha, de pie: Ulacia, Guedes, Aparicio, Ardura, Nelli y Evaristo. De rodillas: Vegazo, Ríos, Erasto, Santamaría y Espino.
Formación del Cádiz: Luis, Portu, Moro, Eliseo, Rubio y García. De rodillas: Lorente, Bolea, Miguel, Hernández y Escobosa.
Los capitanes Aparicio y Lorente con el trio arbitral.

 

Cuarteto defensivo isleño compuesto por el guardameta Ulácia y los defensas Aparicio, Ardura y Nelli.

 

Banquillo canario: Delegado Sr. Toledo, Gilberto ´el zapatero´, Pepe González (masajista), Bermúdez (portero suplente), Casimiro Benavente y Carmelo Campos.
En la imagen, mientras los jugadores de la U.D. Las Palmas celebran el gol de Santamaría, los futbolistas del Cádiz se dirigen al árbitro airadamente.
Línea de volantes amarilla formada por Guedes y Evaristo.

 

 

 

 

Tras dubitativos encuentros con saldos a favor y en contra ante el San Fernando, Recreativo de Huelva y Atlético de Ceuta, la U.D. Las Palmas no mejoraba su situación en la tabla.

El entrenador Casimiro Benavente continuaba siendo cuestionado por los irregulares resultados del equipo.

 

 

 

Casimiro Benavente Ramos. Temporada 1961/62

 

 

Durante la concentración de nuestro equipo en el Hotel Santa Brígida, el entrenador Casimiro Benavente solía dar el clásico paseo en horas vespertinas.

 

En el hermoso paraje del Monte Lentiscal, el entrenador Benavente charla con los jugadores sobre el partido próximo domingo.

 

LO PROMETIDO ES DEUDA

 

JUANITO GUEDES COMPRA A SUS PADRES UNA MODESTA CASA EN EL CARRIZAL CON EL DINERO DE SU PRIMER CONTRATO

 

Juanito Guedes aprendió desde muy corta edad que en la vida era fundamental el valor a palabra dada.

Por regla general, los jóvenes valores de los equipos canarios eran fichados a muy bajo coste y en muchas ocasiones fichaban con un contrato de amateur compensado.

Juanito Guedes no seria una excepción como se puede ver en sus contratos que salen en su totalidad por primera vez en estas páginas. Lo normal en estos casos era una prima de fichaje con escalas según los encuentros de Liga y Copa contabilizados más el sueldo mensual estipulado.

Desde el día de su debut en el Alfonso Murube de Ceuta el 23 de abril de 1961, Juanito Guedes se convertiría en pieza indiscutible para su equipo siendo alineado como titular en todos los encuentros.

Su padre Juan Guedes que procedía de La Pasadilla de Ingenio había sido trasladado por su trabajo de guardia jurado en la empresa de los Hermanos Betancores a muchos municipios de la zona sur, pero era el Carrizal su zona preferida por sus orígenes y donde pensaba residir con su familia el resto de sus días.

Este gesto de amor y generosidad hacia sus padres y hermanos tiene doble valor dado que él vivía con sus padrinos y necesitaba fabricar en la misma casa del Alto de Los Leones, dado que tenia pensado contraer matrimonio con su novia Georgina Ojeda tras varios años de noviazgo.

Resaltar igualmente la generosidad de Georgina aceptando de buen grado la intención de Juanito Guedes y la promesa que había adquirido.

No es necesario significar la alegría de toda la familia, especialmente de su madre María Rodríguez que no la pudo disfrutar muchos años dado que moriría muy joven en el año 1967.

Juanito Guedes con su gran amigo Santiago Espino solían frecuentar la casa tras el entrenamiento matinal desayunando o almorzando dependiendo de la hora de entrenos en el Insular.

 


 

 

La U.D. Las Palmas y el Atlético de Ceuta empatarían a cero goles en un disputado encuentro.

Violento encuentro. El conjunto ceutí que esta temporada descendería a tercera división hizo muy difícil la labor de los canarios por conquistar el triunfo,

cerrándose fuertemente en su área y restándole un positivo a los isleños.

 

 

En la imagen formación de la U.D. Las Palmas ante el Ceuta. De izquierda a derecha, de pié: Ulacia, Guedes, Torrent, Aparicio, Calixto y Samblas. De rodillas: Vegazo, Evaristo, Erasto, Santamaría y Blanco.
Formación del Ceuta: Vilar, Pedreño, Rodolfo, Céspedes, Miguel y Garcia (portero suplente) De rodillas: Tapia, Soler, Totó, Anta y Ayala.

 

Blanco. Extremo incisivo y de gran rapidez. Con un gran carácter, fuerte y valiente llevaría mucho peligro a la meta del Ceuta.

 


 

La U.D. Las Palmas mereció un mayor tanteo ante el Málaga

 

Equipo de la U.D. Las Palmas que vencería al C.D. Málaga. De izquierda a derecha: Ulacia, Guedes, Torrent, Aparicio, Calixto y Samblas. De rodillas: Vegazo, Evaristo, Erasto, Santamaría y Blanco.

 

 

Formación del Málaga: Ibarreche, Dalmau, Lorenzo, Portales, Arias y Lema. De rodillas: Mendí, Pipí, Bernardi, Sande y Bruna.

 


 

La U.D. Las Palmas consigue un valioso positivo en Mestalla. Marcando Blanco y Montes

Montes, extremo de gran velocidad consigue un gol de bella factura al rematar de cabeza un centro del defensa Aparicio, siendo con posterioridad retirado del campo por lesión.

 


 

Disputado encuentro ante el R.D. Murcia que finalizaría en empate.

Un positivo que vuela. En el último cuarto de hora se desconcertaron los amarillos

La formación de la U.D. Las Palmas presentaría la siguiente alineación. De izquierda a derecha, de pie: Ulacia, Guedes, Juan José, Aparicio, Samblás y Evaristo. De rodillas: Vegazo, Juan Luis, Ríos, Carlos y Blanco.
Alineación de R.D. Murcia: Ramírez, Tatono, Rincón, Garré, Montejano y Aznar. De rodillas: De la fuente, Abiétar, Lax, Paz y Escobar.
Los capitanes junto al trio arbitral, Aparicio y Montejano.

 


 

23 de octubre 1961

 

 

 

 


 

Humillante derrota ante un modesto Cartagena por tres tantos a cuatro.

La afición canaria mostró su repulsa total al abandonar el entrenador el campo del juego.

En la imagen, la alineación que presentaría La U.D. Las Palmas. De izquierda a derecha, de pie: Ulacia, Guedes, Juan José., Ríos, Aparicio y Samblás. De rodillas: Vegazo, Juan Luis, Erasto, Santamaría y Blanco.
Formación del Cartagena: Barea, (Sierra), Elí, Diego, Barrenechea, Magín y Hernández. De rodillas : Herurozo, Mancinillo, Sornichero, Antonio y Santamaría.
En la imagen los capitanes Aparicio y Santamaría con el árbitro Castillo izquierdo.

 

 

 

En la imagen Juan Luis marcando para la U.D. Las Palmas uno de los tres tantos ante el Cartagena.

 


 

Octavo partido sin conocer la victoria.  La situación comienza a ser delicada

 

 

Equipo de la U.D. Las Palmas que empataría a dos tantos con el Granada en el Estadio Insular. De izquierda a derecha: Ulacia, Guedes, Aparicio, Calixto, Evaristo y Espino. De rodillas: Juanas, Santamaría, Erasto, Ríos y Montes.
Formación del Granada: Mesa, Alvárez, Mingorance, Gómez, Cándido y Larrabeiti. De rodillas: Bustillo, Manolet, Barceló, Lalo y Arsenio.
En la instantánea, los capitanes de ambos equipos Aparicio y Arsenio con el trio arbitral.

 


 

23 Noviembre de 1961

 

JUANITO GUEDES ES LLAMADO POR PEDRO ESCARTÍN PARA EL EQUIPO B DE ESPAÑA

 

 

En la imagen Pedro Escartín, que convocaría a Juanito Guedes para formar en la selección B de España.

El entrenador Pedro Escartín ha pedido orientación sobre los jugadores en alza que considera interesantes para integrar el equipo B de España.

A este efecto tiene la intención de celebrar un encuentro el próximo miércoles en Madrid para el que han sido convocados una serie de jugadores.

Los futbolistas que han sido llamados por el seleccionador son los siguientes:

 

POTEROS: Yarza (Real Zaragoza) Gerrica (Osasuna)

DEFENSAS: Luque (Sevilla), Echevarria (Athlétic de Bilbao), Salvador (Osasuna), Reija (Zaragoza), Zubiaurre (Osasuna).

MEDIOS: Paquito (Oviedo), Aurre (Coruña), José Luis (Zaragoza), Guedes (U.D. Las Palmas).

DELANTEROS: Zaballa (Barcelona), Odriozola (Santander), Ruiz (Madrid), Amancio (Coruña), Fusté (Osasuna), Bueno (Real Madrid), Lapetra (Zaragoza).

Con estos jugadores se formaría un equipo que se enfrentaría al Real Valladolid.

 

 

 

 

 


Debut del meta Bermúdez en las filas amarillas

 

Equipo de la U.D. Las Palmas: Bermúdez, Juan José, Guedes, Calixto, Espino y Collar. De rodillas: Juanas, Santamaría, Erasto, Ríos y Vegazo.
Formación del Albacete Balompié: Rafa, Mateo, Arnaiz, Juanele, Salas y Alfaro. De rodillas: Beke, Simón, Oriol, Moll y Periquín.
Los capitanes de ambos equipos, Moll y Ríos con el trio arbitral.
Un centro formidable del extremo Vegazo, lo remataría magistralmente Ríos de cabeza a la red.

 

 

 

14 diciembre 1961

 

 

EL FUTBOLISTA JUANITO GUEDES Y LA NADADORA ALICIA MARTÍN

ELEGIDOS LOS MEJORES DEPORTISTAS DEL AÑO

 

 

En el transcurso de un festival gimnástico los galardonados recibirían sus trofeos.

Juan Guedes Rodríguez es un producto de nuestra gran cantera.

Tras ser seleccionado por Luis Molowny en dos ocasiones es llamado por Eusebio Martín para integrar la Selección Nacional Juvenil que jugaría la Copa de la U.E.F.A en Portugal.

Tras disputar cinco encuentros, ingresa como internacional en la U.D. Las Palmas con sobresalientes actuaciones.

En fecha reciente, fue llamado por Escartín para el equipo B. Su designación como mejor deportista del año constituye un justo premio para este muchacho que tanto porvenir deportivo encierra.

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

Alineación de la U.D. Las Palmas en la contundente victoria al modesto Villarrobledo en el Estadio Insular. De izquierda a derecha: Bermúdez, Juan José, Torrent, Collar, Espino y Guedes. De rodillas: Juanas, Tacoronte, Erasto, Ríos y Vegazo.

 

Formación del Villarrobledo: Pita, (Aurelio, 80´) Cacho, Herrero, Rubio, Larache y Josete. De rodillas: Sornichero, Mayoral, Domingo, Nito y Domínguez. En la foto dos ex jugadores que pertenecieron a la U.D. Las Palmas: Larache y Domingo.

 

 

 

Clásica línea media de la U.D. Las Palmas formada por Santiago Espino y Juanito Guedes.

 

 


 

Tras la derrota en el Ramón de Carranza de Cádiz, la U.D. Las Palmas daría una pobre imagen ante el San Fernando.

La Directiva de la U.D. Las Palmas cesa a Casimiro Benavente siendo sustituido por el técnico canario Paco Campos.

 

 

 

 

Ficha Federativa de Paco Campos Salamanca. Temporada 1961/62.

 

En la imagen: Bermúdez, Calixto, Torrent, Collar, Guedes y Espino. De rodillas: Juanas, Santamaría, Ríos, Erasto y Vegazo.

 

Alineación de San Fernando: Puche, Jiménez, Echarri, Vacunín, Naranjo y Petralarda. De rodillas: Alias, Pepín, Cartón, Magán y Mariano.
Los capitanes de la U.D. Las Palmas y el San Fernando Bernjamín Río y Manolo Naranjo en presencia del Colegiado del encuentro Villena García.

 


8 de enero 1962

 

 

 


 

Victoria de la U.D. Las Palmas ante el Recreativo de Huelva con esperanzador debut del técnico canario Paco Campos

En la imagen formación de la U.D. Las Palmas en el debut de Paco Campos: Bermúdez, Calixto, Torrent, Collar, Guedes y Espino. De rodillas: Juan Luis, Santamaría, Erasto, Ríos y Vegazo.
Formación del Recreativo de Huelva: Domínguez, Dámaso, Infantes, Poceiro, Carolo y Ruiz Mesa. De rodillas: Sitges, Juliá, Román, Rojas y Beascoechea.
El entrenador auxiliar Carmelo Campos en compañía de su hermano Paco el día de su debut ante el Recreativo de Huelva en el Estadio Insular.
Gol de Vegazo. Según confirma el Diario de Las Palmas, el objetivo de Hernández Gil ha captado con gran precisión el momento en que llega a la red el balón disparado con gran potencia de Vegazo. Era el primer gol de los amarillos.

 


15 de enero 1962

 

 


 

22 de enero 1962

 

 


 

Paco Campos seguía su camino triunfal tras vencer en el Alfonso Murube de Ceuta por la mínima diferencia.

Sin embargo, sufriría su primera derrota ante el club Deportivo de Málaga en la Rosaleda.

 

En la instantánea formación de la U.D. Las Palmas, de izquierda a derecha: Ulacia, Calixto, Torrent, Nelli, Espino y Guedes. De rodillas: Juan Luis, Carlos, Erasto, Ríos y Vegazo.
Formación que presentaria el Mestalla: Valero, Barrena, Alfonso, Areta, Castelló y Arnal. De rodillas: Cabello, Urtiaga, Totó, Blanes y Noverges.
En la imagen los capitanes de ambos equipos, Ríos y Arnal con el trio arbitral.
Banquillo de la U.D. Las Palmas: Gilberto ´el zapatero´, Paco Campos, Pepe González, Bermúdez, Sr. Toledo (delegado) y Carmelo Campos.
En la imagen Juan Luis marcando uno de los dos goles que nos daría la victoria.

 


 

5 de febrero 1962

 

 


 

La U.D. Las Palmas mereció una holgada victoria ante U.D. Levante.

Lesión del defensa amarillo Antonio Collar.

Alineación de la U.D. Las Palmas. De izquierda a derecha, de pie: Ulacia, Calixto, Torrent, Collar, Espino y Guedes. De rodillas: Juan Luis, Tacoronte, Erasto, Ríos y Vegazo.
Equipo del Levante que seria derrotado en el Estadio Insular por la mínima diferencia. De izquierda a derecha: Javier, Irusquieta, Camarasa, Uribi, Esparza y Toni. De rodillas: Valls, Gausí, Mauri, LLona y Serafín.
El Colegiado Sr. Irastorza (de la delegación guipuzcoana) mostrándole la moneda a los capitanes Ríos y Toni para la elección de campo.
El solitario gol del partido seria marcado por Juan Luis a pase de Tacoronte.

 


 

 

DEBUT DE TONONO CON VICTORIA EN LA CONDOMINA DE MURCIA 

EN LA DEMARCACIÓN DE MEDIO VOLANTE CON JUANITO GUEDES

 

Merecida victoria en la Condomina de Murcia. 

Gran encuentro de tres valores de la cantera Juan Luis (autor del gol), Juanito Guedes y Tonono (debutante).

 

La U.D. Las Palmas planteó su partido al contraataque, replegándose con gran rapidez mediante un sistema acordeón

elaborado principalmente por su línea de medios volantes. Juanito Guedes y Tonono que realizaron un excelente encuentro.

 

CAMPO DE LA CONDOMINA DE MURCIA

 

Antonio Afonso Moreno. (Tonono)

 

El juego de Juanito Guedes tenia un efecto dinamizador. Era natural que gravitara desde un primer momento en torno a su figura un aura de leyenda.

 


 

 

Juan Luis y Erasto autores de los goles. Se habían ganado doce puntos con un cambio espectacular con respecto

a la trayectoria del anterior entrenador

Equipo que vencería al Hercules por dos tantos a cero: Ulacia, Tonono, Torrent, Calixto, Espino y Guedes. De rodillas: Juan Luis, Santamaría, Erasto, Ríos y Vegazo.
Formación del Hercules C.F.: Albadalejo, Irles, Navarro, Simó, Quetu y Laso. De rodillas: García, Balach, Cortés, Escarrá y José Juan.

 

Los jugadores de la Selección Juvenil de Las Palmas que se proclamarían Campeones de España, Carmelo (Cachicha) y Mejido tras dejar eliminar a la tinerfeña posan con Juanito Guedes en los prolegómenos del encuentro ante el Hércules de Alicante.

 

 

 

 

 


 

 

LA U.D. LAS PALMAS EMPATABA CON EL CÓRDOBA DIRIGIDO POR ROQUE OLSEN EN UN ENCUENTRO QUE PREFERIMOS OLVIDAR

Bochornoso espectáculo propiciado por el colegiado aragonés del encuentro Sr. Martín Álvarez, que propició un altercado de orden público dentro y fuera del Estadio Insular.

El empate del Córdoba a tres minutos del final alejaba al conjunto amarillo del ansiado ascenso a Primera División.Cuando faltaban sólo tres minutos para la finalización del encuentro todos pensábamos que la U.D. Las Palmas saldría victoriosa del importante choque, ya que sus jugadores habían realizado un encuentro pleno de esfuerzo y gallardía, que despertaría la emoción y el entusiasmo en las gradas tras el espléndido gol de Juanito Guedes. Sin embargo, una decisión inexplicable a todas luces impedía la justa victoria de nuestro equipo.

LA U.D. LAS PALMAS ANTE LA ADVERSIDAD. LESIÓN GRAVE DE SANTIAGO ESPINO

Desde la primera parte del encuentro nuestro equipo se veía con la importante baja de Santiago Espino que caía conmocionado al césped tras disputar un balón por alto teniendo que pasar a la enfermería.

Nuestros jugadores tuvieron que multiplicarse el resto del primer tiempo al quedar con sólo diez jugadores en el terreno de juego. La media formada por Espino y Guedes realizaría un esfuerzo enorme en el centro del campo, viéndose obligado Juanito Guedes a retrasar su posición en el campo debilitando al ataque y aunque el bravo jugador de Tafira Baja se reintegrada al terreno de juego en el segundo tiempo con un aparatoso vendaje no se encontraba en las debidas condiciones para jugar teniendo que pasar a la demarcación de extremo. La afición puesta en pie, lo premiaría con una gran ovación.

El colegiado no solo pitaba todas las faltas a favor del conjunto cordobés, sino que permitía con la mayor impunidad toda clase de brusquedades a su línea defensiva especialmente Simonet.

La indignación del público canario era mayúscula, es que no se puede luchar contra la adversidad.

Pero, la U.D. Las Palmas luchó con tenacidad hasta el límite de sus fuerzas y fruto de ello a los setenta minutos de juego Juanito Guedes obtenia el gol amarillo de espléndido remate de cabeza.(Su primer gol como amarillo).

A tres minutos del final el árbitro Sr. Martín Álvarez regala el tanto del empate al Córdoba cuando el balón no había traspasado la linea del gol

Con todos los jugadores del Córdoba al ataque buscando el gol a la desesperada, Navarro saca una falta sobre el marco de Ulacia que logra picar el delantero Vila. El guardameta Ulacia que ve la trayectoria del esférico se lanza felinamente atrapandolo el esférico sobre la raya del gol.

El árbitro que estaba situado a unos quince metros señala el tanto ante la sorpresa general. Los jugadores amarillos con su capitán Ríos protestan masivamente rogándole consultar al juez de línea, pero el colegiado se niega en rotundo señalando con desplantes y altanería el centro del campo. No hubo tiempo para más.

El Sr. Martín Álvarez ni siquiera descontó los minutos de interrupción que fueron muchos como consecuencia de la entrada y el tumulto tan grande originado.

Aunque todavía faltaban cuatro jornadas de liga, tres encuentros de visitante, aquel triste y lamentable día se acababa la Liga para la U.D. Las Palmas subiendo el Córdoba a Primera División.

 

 

En la instantánea formación de la U.D. Las Palmas en el dramático encuentro ante el Córdoba C.F. que terminaría en un altercado de orden público: Ulacia, Tonono, Torrent, Calixto, Espino, Guedes y Oregui. De rodillas: Juan Luis, Santamaría, Erasto, Ríos y Vegazo.
Formación del Córdoba que se llevaría un punto injustamente del Estadio Insular: Benegas, Simonet, M. Oliva, Navarro, Martínez y Costa. De rodillas: Palacios, Juanín, Vila, Paz y Homar.

 

PRIMER GOL DE JUANITO GUEDES VISTIENDO LOS COLORES DE LA U.D. LAS PALMAS EN COMPETICIÓN LIGUERA.
El pundonoroso medio volante Santiago Espino daría un claro ejemplo de honestidad deportiva siendo retirado por una grave lesión y saliendo de nuevo con un aparatoso vendaje al terreno de juego ante los prolongados aplausos de la afición.

 

 

EL PUNDONOR DE SANTIAGO ESPINO

 

 

 

Jugador tafireño de auténtica raza y valentía, insuflaba constantemente ánimos con sus gritos de guerra y aliento continuo. Se hizo muy popular la frase que le profirió a un compañero de equipo al comprobar su indolente actitud. Atravesando la linea de centro del campo, se dirigió a él mirándole fijamente y con no muy buen tono, le espetó: ¡aquí no se viene a pasear, sude usted la camiseta!

 

 

Aún perdura en mi memoria aquel brotar del agua fresca y cristalina de la cantonera y acequia de Tafira Baja. Era el punto logístico principal de todos los que residían en aquel barrio de clase trabajadora al que denominaban barrio de Quilmes. Los jornaleros trabajaban mayormente en las fincas de las familias hacendadas. Al pasar  la cantonera del Medio Pañuelo, se encontraba el estanque de ‘La Palmita’, un estanque de barro que se convertiría en el terreno de juego de todos los que vivían en aquellos hermosos parajes.

 

Estanque La Palmita
Espino en el estanque de La Palmita, vistiendo los colores del Quilmes.

El estanque de La Palmita daba a la carretera del centro, separado por un pequeño muro y una acequia donde los jugadores se lavaban tras los partidos disputados. El campo era de dimensiones pequeñas, pero al estar rodeado de un pequeño montículo podía albergar a un buen número de espectadores. El terreno lindaba con la finca de Bruno Naranjo, donde trabajaba la familia de Santiago Espino.

Su padre, Manolito, era el encargado de la finca y todos colaboraban en cierta medida en ella, ya fuera con la ganadería o en el sembrado y cultivos en ese bucólico entorno. Teniendo el terreno de juego tan cerca de su casa era natural que pasara todas sus horas libres adiestrándose con el balón junto a sus compañeros del Quilmes.

Muy pronto sus excelentes condiciones en aquellos campeonatos de adheridos y sus portentosas facultades físicas llegarían a los captadores de equipos como el Juvenil Marino o el regional R.C. Victoria al que tras la fusión le llamaban Aviación.

 

 

 

 

 

 

 

 

En la instantánea el Atlético de Aviación, engendrado del Real Club Victoria.

José Sánchez, que había sido delegado de enlace en la etapa fundacional del club amarillo recomendaría el jugador a la U.D. Las Palmas, pero Satur Grech y Luis Valle, aunque creían en las condiciones del jugador, argumentaron que estaba aún muy verde y que le faltaba rodaje, pero Santiago Espino siguió destacando en todos los encuentros dado su enorme poder físico y su facilidad goleadora. Tras una fenomenal campaña con el Nuevo Club y el Aviación los aficionados y la prensa en general comenzaron a pedir a gritos su fichaje.

Santiago Espino defendiendo los colores de la UD Las Palmas el día de su debut ante el Atlético de Madrid.

 

En la imagen, el defensa Marcial increpa al árbitro por la expulsión de los defensas canarios, Aparicio y Campa.

 

Juan Trujillo Febles.

 

El debut de Santiago Espino se produciría en la temporada 1959-60 con la llegada del técnico francés Marcel Domingo, quien le daría su gran oportunidad en el primer partido de Liga ante el Atlético de Madrid. Aquella temporada se habían producido muchas bajas y sería realmente nefasta para nuestro equipo, descendiendo a Segunda División por segunda vez en la historia del club.

La directiva de la U.D. Las Palmas presidida por Juan Trujillo Febles, que comenzaba sus primeros años como mandatario del club, decide la contratación del técnico Casimiro Benavente, quien se inclina por fichar a un gran número de jugadores foráneos quienes, salvo algunas excepciones, no aportaban un alto rendimiento a la entidad.

En el ecuador de esa primera temporada en Segunda División (1960-61), el último fichaje fue el de Juanito Guedes, un chico espigado y de gran zurda que venía avalado por sus excelentes actuaciones en el Porteño de categoría regional. Aún en edad juvenil sería llamado por Eusebio Martín a la Selección Nacional Juvenil a efectos de participar en el torneo de la U.E.F.A., en Portugal.

 

En la actualidad, Santiago Espino, ya octogenario y visiblemente emocionado, no se encuentra cómodo al hablar de su mejor amigo:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Santiago Espino
Juanito Guedes

“Lo recuerdo como si estuviera aquí, delante de mi persona. En realidad nunca he podido olvidarlo.

Cuando llegó al primer entrenamiento lo traje hacia mí advirtiéndole que en el equipo habían jugadores veteranos que les gustaba dar bromas pesadas. Me percaté enseguida que era un chico de familia humilde, en su cara reflejaba nobleza y sinceridad.

Mirándole fijamente le dije: – Juan, siga mis consejos y no se separe mucho de mí que yo estoy aquí para ayudarle. Recuerdo que con una amplia sonrisa me respondió: “agradezco mucho sus consejos, pero no se preocupe que no me va a pasar nada. He pasado mucho tiempo en la calle y desde pequeño he sabido cuidar de mí mismo”.

Casimiro Benavente tenía una gran confianza en mi persona, y me comentaba con frecuencia todo lo que pensaba llevar a cabo. Me dijo en el partidillo que iba a ponerlo en la media para comprobar sus aptitudes.

Yo, que venía jugando en la delantera, y de hecho aquella temporada fui el máximo realizador del equipo. Le pedí que en aquel entrenamiento me alineara en la medular con el chico. Cuando comenzó a rodar el balón me quedé realmente sorprendido, no sólo eran aquellos desplazamientos de balón que yo no había visto nunca, sino su presencia en el campo, entrando a todos los balones con una fuerza y contundencia impropia para su edad.

Cuando terminó el entrenamiento le dije a Casimiro Benavente: -hemos fichado a un fuera de serie.

Desde ese mismo día nos haríamos inseparables. Algunos compañeros nos daban bromas llamándonos ‘los campesinos’, porque en aquel entonces todo el que no viviera en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria era considerado una persona que venía del campo.

 

 

 

Boda de Santiago Espino. En la imagen, en la celebración con sus familiares, amigos y compañeros de equipo, entre los que se encuentra Juanito Guedes y el técnico Casimiro Benavente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Me dijo que residía con sus padrinos en un lugar llamado el Alto de Los Leones, una localidad desértica en los principios de los sesenta y que yo no conocía ni de oídas. También, que al vivir sus padres en el sur de la isla los visitaba con frecuencia. Como era muy joven y aún no tenía coche, cuando terminábamos de entrenar nos marchábamos a almorzar a casa de sus padres en el Carrizal donde vivían todos sus hermanos, que normalmente estaban trabajando todos en la empresa de Los Betancores. Su madre era una buena mujer y todas las semanas cuando íbamos a aquella casa humilde en el Carrizal se desvivía por atendernos. Juan me reiteraba que cuando le aumentaran la ficha lo primero que haría sería comprarles una casa a sus padres en el Carrizal de Ingenio.

El Carrizal era un pueblo muy pequeño y todos sus moradores nos conocían y salían de sus casas a saludarnos. Pepe Montesdeoca, era muy amigo de Juan y muchas veces cuando el trabajo se lo permitía venía con nosotros acompañado por su inseparable guitarra. Nosotros después de desayunar nos paseábamos por el pueblo, recuerdo que Juan era un apasionado del mar. Nada le gustaba más que una playa y zambullirse en el agua. Pero a nosotros nos tenían prohibido bañarnos o tomar el sol y nos conformábamos con meternos en cualquier tasca a tomarnos un aperitivo.

 

Juanito Guedes y Pepe Montesdeoca tocando las guitarras con unos amigos.

 

Cuando Pepe Montesdeoca podía venir con nosotros no faltaban las folías y las isas, que tocaba y cantaba espléndidamente. Lo gracioso del caso es que a cualquier lugar que fuéramos nos dedicaba un estribillo. Cuando estábamos en el Carrizal solía cantar la canción de Mary Sánchez que decía:

 

¡Pueblos de mágicos sueños

yo les brindo este cantar!

¡Ay! ¡yo les brindo!

¡Yo les brindo este cantar,

Sardina, Agüimes, Ingenio

y el chiquito Carrizal!

 

También recuerdo otro que versaba de la forma siguiente:

 

“Allá por los años cincuenta

Néstor Álamo las escribió

¡Ay, las escribió!

en la voz de Mary Sánchez,

el pueblo las conoció»

 

 

Néstor álamo, de personalidad anárquica y trasgresora, fue un auténtico Proust de las letra y el mejor compositor. De igual forma el padre de la canción canaria y el más ilustre compositor.
Mary Sánchez, se convertiría a principios de la década de los 50 en la más genuina cantante de las composiciones de Néstor álamo, siendo denominado la voz de las islas.
Pinito del Oro, la célebre trapecista asombraría al público de los Estados Unidos con su magistral destreza.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Él nos había hablado muchos de Néstor Álamo y de la que había sido su verdadera musa y mejor intérprete, Mary Sánchez. En la década de los cincuenta, Néstor Álamo había grabado para ella la mayoría de las canciones, incluidas las de Teror. Cada vez que regresaban del extranjero la expectación era enorme.

Una vez fuimos a verla al Teatro Pérez Galdós que registro una gran entrada de público. Yo dejaba a Juan en casa de sus padrinos en Las Rehoyas Altas y en algunas ocasiones por las tardes, si no había entrenamiento, solíamos ir con nuestras respectivas parejas a dar un paseo o al cine, que en aquel tiempo nos encantaba y que era de los pocos sitios a los que podíamos ir.

La siesta era para nosotros verdadera religión, y en cualquier casa que estuviéramos el reparador sueño nunca nos faltaría. Cuando íbamos a la casa de los padrinos de Juan me admiraba la educación y seriedad que tenían. Juan tuvo mucha suerte de vivir con ellos desde tan corta edad porque tanto José como Flora eran personas de una bondad fuera de lo común. Solíamos ir también todas las semanas y pasábamos unos ratos muy agradables.

Como en aquellos años Juan y Georgina eran solteros, en ocasiones conducía hasta el paseo de Los Mártires en un lugar de Tamaraceite que llamaban La Montañeta.

La abuela de Georgina nos ponía el desayuno y por su familia llegué a conocer Tamaraceite como la palma de mi mano. Pero donde más tiempo pasábamos era cuando íbamos a mi casa de Tafira Baja. Hay que entender que mis padres vivían dentro de una finca enorme que lindaba con el estanque de La Palmita, terreno de juego donde yo comencé a jugar. Nosotros, a pesar de venir de un entrenamiento con Casimiro Benavente o posterioridad con Paco Campos, teníamos ropa de deporte en mi casa y una vez desayunábamos nos íbamos al estanque de La Palmita a pelotear. ¡Cómo nos gustaba el fútbol! Nos pasábamos jugando hasta la hora de almorzar. Recuerdo que mi padre ordeñaba una vaca. Después tomábamos en una escudilla leche con gofio, mientras mi madre preparaba la mesa.

 

 

Panorámicas de Tafira Baja

 

 

Vista parcial de Los Lagares en Tafira Alta
Los Lagares
Bello paraje de Santa Brígida en la localidad de Los Olivos, lugares muy frecuentados por Santiago Espino y Juanito Guedes en sus días libres.

 

Entrada lateral del Hotel Los Frailes en Tafira Alta

 

Cuando terminábamos de almorzar, descansábamos un poco hasta la llegada de Gregorio ‘el guardia’. Gregorito era muy popular en toda la isla y muy querido por todos los ciudadanos ya que en tantos años de servicio nunca le puso una multa a ningún conductor. Su lugar de trabajo normalmente era en la calle de Bravo Murillo, que para algunas personas de edad aún sigue llamándose camino nuevo.

Lo de Gregorio era un auténtico espectáculo gesticulando con manos y piernas, causando las risas de los transeúntes que sabían premiarlo a la llegada de Navidad con cientos de cestas y de paquetes que venían de los lugares más recónditos de toda la isla. Era necesario la ayuda municipal para despejar la calle de regalos, circunstancia que no se daba con ningún guardia de tráfico de nuestra ciudad.

En mi casa, después de la reparadora siesta y posterior buche de café que preparaba mi madre con aquel aroma que impregnaba la casa, Gregorio el guardia, siempre aparecía en el momento oportuno trayendo con él un balón y un pito. Él no había realizado ningún curso de entrenador, era solamente un entusiasta que había entrenado a equipos infantiles de la zona.

 

Gregorio ‘el guardia’, amigo de Juanito Guedes y cuñado de Espino.

 

Cuando Juan y yo veíamos de nuevo el balón se nos iban los ojos, caminando otra vez al estanque de La Palmita, donde Gregorio nos ponía a realizar malabarismos con la cabeza y  los pies sin dejar caer el balón. Los pasajeros que subían por la carretera del centro en los piratas y coches de hora, miraban sorprendido desde lo alto.

Juan y yo ya éramos populares dado que en aquellos años ser jugador de la U.D. Las Palmas era una plataforma pública. Tal era el caso que los comentarios llegaron a los rectores del club. Nosotros no hacíamos caso porque los entrenamientos en aquellos tiempos no eran como los de hoy, el organismo nos pedía mayor actividad. Al terminar nos íbamos a lugares como los Lagares, el hotel Los Frailes, La Atalaya de Santa Brígida, Tafira Baja…

En realidad, desde mi adolescencia, cuando veía jugadores como Alfonso Silva, Rafael Mujica, Manolo Torres o Polo no he visto a nadie como Juanito Guedes. Puede que me pierda el gran afecto que le profesaba, pero es que Juanito Guedes no era un jugador de una demarcación sino un futbolista muy completo. Tenía una personalidad fuera de lo común y lo suyo era un auténtico derroche de facultades llegando a ser el futbolista que más peso perdía en los encuentros oficiales.

Luego, aquella presencia suya en el campo, en ocasiones te daba la impresión de estar jugando solo en la cancha, iba con mucha contundencia y fuerza al balón y no se arrugaba nunca ante nadie. Se crecía ante la adversidad sobre todo cuando jugábamos como visitante.

Santiago Espino

 

Nunca he vivido el fútbol tan intensamente como con Juanito Guedes. Nos pasábamos todo el encuentro dándonos ánimo, pero también peleándonos y discutiendo. Se daba la circunstancia que ambos teníamos mucho carácter y los dos queríamos estar en todas partes, y a veces en el fútbol tienes que respetar la parcela del compañero. Al igual que yo, Juanito Guedes no paraba de hablar en todo el partido, era un auténtico valladar, tanto estaba por la izquierda – su lugar natural- como quería ocupar la parte derecha de la circunferencia central del campo. Subía a posiciones atacantes y disparaba con su potente zurda o acudía a rematar de cabeza como bajaba a defender convirtiéndose en nuestro mejor central.

Además organizaba todo el juego con sus pases y triangulaciones haciendo jugar al resto de sus compañeros aconsejándoles cómo debían situarse en el terreno de juego. En ocasiones, daba la impresión que el campo se le hacia pequeño. Discutíamos mucho porque con aquellas piernas tan largas entraba en mi demarcación y cuando me disponía a despejar me gritaba: “¡déjamela!”

Entonces yo le hacía lo mismo y le quitaba un balón que se suponía iba a controlar él. Se enfurecía mucho y me gritaba: “¡déjame el balón y vete a tu demarcación!”, al rato yo le respondía de igual forma reprochándole: “¿quieres llevarte el balón para tu casa?” Pero, de igual forma nos dábamos continuamente ánimo y cuando el árbitro tocaba el pitido final éramos los primeros en darnos un fuerte abrazo.

Nos afectaban mucho las derrotas. Cuando perdíamos tanto Juan como yo nos marchábamos para nuestras casas si no teníamos que concentrarnos. Eran sus primeros años y yo solía subirlo a su casa en las Rehoyas Altas, luego yo continuaba en dirección a Tafira Baja. No comprendo a algunos jugadores que en la actualidad tras perder un partido o incluso después de descender a Segunda División se marchan de risas y fiestas.

¡En mi época esa actitud sería inadmisible!

Cuando ganábamos salíamos tras el partido a cualquier parte a celebrarlo con nuestras respectivas novias. Solía acompañarnos Pedro, que sería portero con la Selección Juvenil que se había proclamado Campeona de España, y Pimpina. Pedro y Juan se conocían desde los diez años cuando ambos jugaban en los estanques de barro de Pedro infinito y eran excelentes amigos.

En la temporada 1961-62, ya con Paco Campos, debutaría Tonono en La Condomina de Murcia haciendo pareja en la media con Juanito Guedes. Ambos se conocían de la Selección Juvenil y de enfrentarse, desde muy jóvenes, en el campo del Lomo de Juanito Amador en Tamaraceite. Muy pronto entre los dos surgió una gran amistad y Tonono se unió a nuestro grupo con su novia Mary, una excelente chica que era profesora de magisterio.

 

 

 

 

Partido ante el Córdoba, doloroso recuerdo 

Santiago Espino rememora aquel encuentro como el peor momento de toda su trayectoria futbolística.

 

En la imagen, el portero del Córdoba despeja de puño ante el acoso Santiago Espino.

 

“Aquel encuentro destrozaría toda mi carrera en el fútbol y me apartaría de la U.D. Las Palmas en plena juventud. Fueron momentos de gran sufrimiento, aún recuerdo con profunda tristeza y también con indignación ya que muchas personas que me alababan me dieron la espalda y ni siquiera llamaron para interesarse por mi salud. Fue en un partido ante el Córdoba en la temporada 1961-62. Era un encuentro muy importante para los dos equipos ya que de ganar nos situábamos como líderes de la clasificación y con la moral suficiente para afrontar los partidos restantes.

Se dio la circunstancia que Juanito Guedes marcaría su primer gol con el equipo. Me había dicho que si marcaba se lo dedicaba a Georgina, a su familia y al grupo de amigos con el que solíamos salir juntos, y estaba como loco corriendo por todo el campo. La alegría fue inmensa pero nos duraría muy poco. Al saltar por un balón con un jugador del Córdoba sentí un fuerte golpe en la cabeza, perdiendo por momentos el conocimiento, saliendo del campo en camilla, una vez en el vestuario me colocaron un fuerte vendaje. Yo había pedido seguir jugando a pesar de fuerte dolor y los mareos.

El partido lo íbamos ganando pero el colegiado de la contienda que había permitido a los jugadores del Córdoba toda clase de brusquedades pitando todas las faltas a su favor, nos perjudicó con su imparcial decisión. En un balón que no había pasado de la raya de la portería de guardameta Ulacia, el colegiado se queda dudando para finalizar pitando incomprensiblemente gol que favorecía a los intereses del Córdoba, que al igualar se ponían por delante en la clasificación.

En el Estadio Insular se formaría aquel día un verdadero altercado de orden público con numerosos incidentes fuera del estadio viéndose obligados a actuar las fuerzas de orden público.

 

 

 

Al día siguiente, al sentir algunos mareos, el médico del club Díaz de Aguilar me remitió a los médicos de la clínica Santa Catalina. Me dijeron que permaneciera de baja hasta nueva orden ya que tenían que consultar mi caso.

Con el transcurso de los días me fui recuperando y decidí con Juanito Guedes – quien no había dejado de llamarme ni un solo día- visitar a Jesús García Panasco. Aún recuerdo su semblante de rigurosa seriedad, y con las gafas en la punta de la nariz, síntoma de que algo no iba acorde con sus deseos. Mirándome por encima de las gafas me dijo en tono de preocupación: “lo sentimos mucho Espino, pero en el club no podemos hacer nada con respecto a su caso. Su diagnóstico ha venido desfavorable y no podemos permitirle entrenar hasta que los informe médicos no nos den permiso para ello. Se trata de un caso muy delicado y todo depende de los médicos. La rumorología comenzó muy pronto y se extendería por toda la isla. La prensa se encargó de insinuar que era una enfermedad muy grave, hasta que salió a relucir lo del tumor incurable que me apartaba del fútbol. En aquellos momentos de terrible angustia llegas verdaderamente a conocer quiénes son tus verdaderos amigos.

Muchos de mis propios compañeros optaron por el silencio ya que nadie quería levantar sospechas en el club. No todos hicieron lo mismo, de muchos no recibí ni una llamada interesándose por mi situación. Abandonado por todos fueron momentos muy amargos para mí y nunca podré olvidar cómo Juanito Guedes y Gregorio ‘el guardia’, que cuando sus obligaciones se lo permitían, no dejaban un solo día de visitarme.

Juanito Guedes no disponía de coche en aquellos primeros años y tenía que ir a la estación de Bravo Murillo para coger el coche de hora que lo llevaba a Tafira Baja. Luego, por la noche, solía bajarlo Gregorio ´el guardia´ con algunos amigos de Tafira. En ocasiones esperaba pacientemente en la parada de Tafira la llegada del coche de hora, que lo llevara de vuelta a la capital. El ánimo que Juanito Guedes me daba no se puede explicar con palabras. Nos íbamos al estanque de La Palmita con el balón junto a Gregorio el guardia, y recuerdo que allí me decía: «¡pero si estás mejor que nunca!».

Santiago Espino no puede reprimir la emoción y le pedimos hacer una pausa.

Sin embargo, como si no escuchara nuestras palabras, continuó: “Juanito Guedes era un caballero de los pies a la cabeza. Cuando te brindaba su amistad era como un pacto de sangre que perduró para toda la vida».

Finalmente, en vista de que los meses pasaban y que yo me encontraba cada vez mejor entrenando con Gregorio y con el equipo regional del Quilmes en el estanque de La Palmita, un médico general que vivía en la zona le diría a Gregorio: “no lo entiendo, ¿por qué el chico no visita a un verdadero especialista?. Los médicos del club no son neurocirujanos y él necesita un especialista de prestigio.

Finalmente después de preguntar a varios médicos todos se inclinaron por el neurocirujano Valentín de Armas, quien había trabajado años en la Clínica Platón de Barcelona y había sido el primer médico en traer el electroencefalograma a Gran Canaria.

Doctor Valentín de Armas.

Cuando llegué a su consulta con Juanito Guedes y Gregorio, a quienes conocía, me impactó aquella escalera de mármol con alfombra roja que daba a los distintos despachos.

Tras despedirme de Juanito Guedes y Gregorio, recuerdo que me tuvo toda la mañana realizándo diferentes pruebas y un electroencefalograma.

El doctor Valentín de Armas era un hombre muy recto, serio y de carácter fuerte. No quería que yo le hablara hasta finalizar las pruebas. Cuando finalizó y se encendieron de nuevo las luces, con cara de pocos amigos, mirándome fijamente me pregunta.: «¿y quién fue el que le dijo a usted que tenía un tumor?. ¿Cómo se puede diagnosticar a un enfermo de esta forma tan poco profesional?”.

«Espere abajo por los informes. Le puedo confirmar que usted no tiene absolutamente nada. Ya puede ponerse a recobrar el tiempo perdido, que un año en fútbol sin jugar es demasiado tiempo”.

“Gregorio ‘el guardia’, que había regresado al despacho, saltaba de contento al enterarse de la noticia. Fueron momentos muy emotivos. Al despedirnos, el doctor Valentín de Armas me dijo que fuéramos a Madrid y arregláramos los problemas burocráticos que él se encargaría de hablar con la U.D. Las Palmas, y me aseguraba que en el transcurso de muy breve tiempo estaría entrenando. ¡Qué personalidad la suya! Solo al mirarte intimidaba. Todo lo que me dijo se cumplió al pie de la letra. Era un hombre con mucho carácter, pero muy humano.

Naturalmente, el primer amigo en enterarse fue Juanito Guedes. Su alegría fue inmensa abrazando a toda mi familia. Luego me dijo: “hoy nos olvidamos del fútbol, esta noticia tenemos que celebrarla como Dios manda. Confieso que aquel día nos pasamos de la raya. Pepe Montesdeoca trajo su guitarra y su timple.

Partimos desde mi casa al Hotel Los Frailes y luego a la bodega de los Lagares, donde nos tomaríamos unos buenos vinos en el monte hasta llegar a la Atalaya de Santa Brígida. En el bar de Juancito, mientras Pepe Montesdeoca trataba de afinar su guitarra, Juanito Guedes rasqueaba el timple. ¡Aquello había que verlo para creerlo!

 

 

 

 

 

 

En la romería de Teror, en la imagen de izquierda a derecha Santiago Espino, Paco Ondo, Vicente González,Juanito Guedes y Germán, con unos amigos en las fiestas del Pino.

 

 

 

Tras terminábamos en Santa Brígida cogeríamos la ruta del sur que Juan conocía a la perfección pasando por Jinámar, Telde, Carrizal.

Aquel día había que festejarlo, pero en mi época nos tomábamos alguna copa o aperitivo. No éramos bebedores sino auténticos profesionales del fútbol. Este deporte era nuestra pasión y vivíamos consagrados a él.

Cuando fui a la sede de la U.D. Las Palmas recordé las palabras de  don Valentín de Armas, y el trato que me dispensaron fue completamente diferente. Sin embargo, tanto tiempo de inactividad dejó muchas secuelas.

No podía olvidar tan fácilmente lo que había sufrido. Por otra parte, habían subido chicos de la Selección Juvenil que venían jugando bien y me tocaba esperar. Todo en su conjunto me hizo tomar la decisión de cambiar de aires. El entrenador Casimiro Benavente me llamó diciéndome que el Ceuta estaba interesado en mis servicios. La oferta económica era buena y yo necesitaba olvidarme y cambiar de aires.

Por otra parte, el carácter del técnico Rosendo Hernández y la poca confianza que me daba hicieron que no cambiara de actitud.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

JUGADORES HAY MUCHOS, PERO HOMBRES HAY POCOS

 

Una anécdota con Casimiro Benavente le hacía mucha gracia y cada momento que estaba con algún amigo o familiar me decía: «Santiago, ¿cómo fue aquello que te dijo Benavente?». Yo sabía perfectamente que quería reírse y que lo decía de broma, y no me importaba contarla una y otra vez con tal de verlo feliz.

Sucedió a la llegada de la U.D. La Palmas al Estadio de Vallecas. El jugador Santiago Espino, lesionado en el partido anterior ante el C.D. Málaga en el Estadio de la Rosaleda tenía el tobillo muy inflamado y cojeaba ostensiblemente dando muestras de dolor. Reunidos todos los jugadores en el vestuario, el entrenador Casimiro Benavente, dirigiéndose al jugador de Tafira le dijo: «¡prepárese inmediatamente Espino, usted va a Jugar!». El pundonoroso comodín amarillo, muy extrañado con la orden, le contestó airadamente: «¡pero mister, ¿cómo quiere usted que juegue este encuentro con el tobillo en estas condiciones? ¿Es que acaso me va usted a alinear estando lesionado, teniendo a muchos jugadores disponibles?».

El técnico Casimiro Benavente, mirándole de frente en presencia de toda la plantilla, y tras una breve pausa, le respondió en alta voz: «¡sí, es verdad Espino, usted lo ha dicho! ¡jugadores hay muchos, pero hombres hay muy pocos!

 

La U.D. Las Palmas y Rayo Vallecano saltan al campo. El capitán Aparicio y Juanito Guedes encabezan la formación.
El Rayo Vallecano y la U.D. Las Palmas forman en fila en el centro del campo en el Estadio de Vallecas.
En la imagen, el jugador amarillo Santiago Espino, que terminaría jugando infiltrado, disputa un balón por alto con el guardameta local, mostrando su verdadero ímpetu, ardor combativo y honradez profesional.

 

 

¡Juanito, «hoy venimos a cortar papas»!

En un viaje a la península jugábamos en Villarrobledo. El campo era muy pequeño y la gente muy apasionada gritándonos continuamente moros, africanos… Juanito Guedes llevaba poco tiempo en el equipo, acababa de salir de juveniles. En el vestuario antes de salir al terreno de juego me fui a la salida para ver el ambiente en las gradas que era terrorífico tratando de intimidarnos con un ruido ensordecedor. Todo ello crea temor en ciertos jugadores pero yo siempre he estimado que el futbolista profesional tiene que ser más valiente y más guerrero como visitante. Regresé a vestuario y le dije a Juanito Guedes, ¿cómo te encuentras?, quiero que me acompañes al túnel de vestuarios y que veas el ambiente que hay en las gradas. Una vez Juan vio todo aquel ruidoso espectáculo me miró con cara sorprendida. Yo poniéndole la mano en el hombro lo miré fijamente y le dije, Juan, hoy no vamos a jugar al fútbol. ¡Hoy vamos a cortar papas!. Creía, por su expresión, que no me había entendido. Cuando posamos para los fotógrafos en el centro del campo la pitada era indescriptible. Al comenzar el partido los jugadores del Villarrobledo trataron de intimidarnos arropados por su público, pero un balón que conducía el extremo izquierdo hacia nuestra portería fue interceptado bruscamente por  Juanito Guedes dejándolo en el césped dando muestras de gran dolor, se formó una tangana en el campo donde Juanito Guedes repartía a diestro y siniestro. Fue allí donde pude darme cuenta que, aparte de un jugador, era un verdadero hombre. Al terminar el encuentro a nuestro favor, Juanito Guedes vino hacía mí con gesto de alegría y abrazándome me dice: «¿te gustó?, creo que hoy hemos cortado muchas papas».

 

Y ahora,  ¿quién se va para Tafira?

En un partido en la temporada 1960-61 ante el San Fernando en el Estadio Insular, la afición estaba muy contrariada por el descenso de nuestro equipo a Segunda División. El respetable mostraba de una forma algo impetuosa y beligerante su descontento increpando a los jugadores.

Aquella tarde Erasto, había inaugurado el marcador, pero inesperadamente el San Fernando comenzó a dominar el encuentro, fallando Espino varios goles en la portería de la grada curva. El público de la grada sur muy ofuscado le gritaba. ¡Espino, vete para Tafira!

Cada vez que cogía el balón se repetía la misma frase: ¡Vete para Tafira!

En un centro, Espino, que quedaría máximo goleador de la U.D. Las Palmas aquella temporada, se va al segundo palo y coloca el balón en le red con gran maestría, fuera del alcance del guardameta andaluz Puche. Espino se apresura a recoger el balón de la red y corre hacia la grada sur con el balón sorteando a sus compañeros que acudían a felicitarlo. Una vez llega a la grada sur tira el balón a lo alto del centro del campo, dirigiéndose airadamente al respetable les grita en alta voz: «y ahora, ¿quién es el que se va para Tarifa?», gritó Espino.

El público, lejos de enfadarse, le hizo gracia aquel gesto de Espino y comenzaron a reírse y a seguir con la broma cada vez que el jugador contactaba con el balón.

 

Las discrepancias con Rosendo Hernández

Nadie pone en duda la valía que tuvo Rosendo Hernández como futbolista, siendo incluso seleccionado para el mundial de Río de Janeiro, tampoco cuestiono sus conocimientos como técnico o preparador físico pero todo ello no le valía de mucho ya que no sabía tratar al futbolista. Un factor muy importante en fútbol es saber extraer rendimiento al jugador en todos los sentidos y saber cómo alimentar su autoestima.

Rosendo Hernández era todo lo contrario. Si bien es verdad que apostaba por los jóvenes y no miraba la edad a la hora de darles una oportunidad, luego, no sabía cómo hacerles evolucionar en su juego incrementando su confianza y autoestima.

Una cosa es hacerte respetar y corregir los posibles errores en el juego y otra humillar con frases fuera de lugar al futbolista. Este proceder no da resultado. El entrenador tiene que buscar un equilibrio y no abusar de su cargo. Todo ello no sirve sino para bajar la confianza y poner nervioso al jugador que una vez perdida la autoestima no da una a derechas. Todos pudimos comprobar su trato con Gilberto I y con otros chicos jóvenes a los que hacía incluso llorar.

Espino nos decía: «Después de llevar casi un año sin jugar y con todo lo que había sufrido, cuando comencé a entrenar nuevamente necesitaba apoyo y paciencia dado que la falta de rodaje tras una larga inactividad se nota de forma ostensible.

En mi último encuentro antes de la lesión con el Córdoba, el entrenador era Paco Campos, que era todo un caballero. A la temporada siguiente viene Rosendo Hernández y yo todavía estaba inactivo por un error de los médicos del club. Cuando tras una larga ausencia regreso a los entrenamientos no tuve ni una palabra de afecto o interés por parte del técnico.

Con el transcurso del tiempo me di perfecta cuenta que me había equivocado al marcharme. Estar fuera de tu familia y ambiente en aquellos años no era nada sencillo. Yo era un profesional del fútbol pero defender los colores de la U.D. Las Palmas significó algo diferente para mí.

Era un orgullo que no tenía precio. Sin embargo, desde la humildad, puedo decir que fui siempre un jugador titular y era muy respetado por todos los técnicos, rectores del club, y aficionados que sabían de mi honradez profesional. Yo no había conocido la suplencia ni lo supe nunca hasta el día de mi retirada. No concibo el fútbol si no participo jugando.

Recuerdo que Juanito Guedes me decía que me olvidara del técnico y que no hiciera caso, pero yo creía que me había ganado a pulso el respeto en todos los estamentos del club y no podía soportar aquel trato».

Rosendo Hernández se marcharía aquella misma temporada y yo me precipité al pedir la baja del club.

Mi amistad con Juanito Guedes seguiría siendo la misma pero ambos tomamos rumbos diferentes. Yo me pasaba todo el año en la península y sólo podía venir en el mes de vacaciones una vez finalizada la temporada. Antes de marcharme, Tonono se había incorporado al grupo y su amistad perduraría hasta el fin de sus días. Es difícil encontrar dos jugadores de su talla futbolística y humana. En la actualidad resultaría muy complejo que la U.D. Las Palmas tuviera dos futbolistas de tan alto nivel. Los clubes más poderosos se los llevarían antes de fichar en el equipo amarillo. El fútbol ha cambiado sustancialmente en todos los sentidos y se han perdido las señas de identidad. De seguir con tantas modificaciones vamos a creer que estamos hablando de otro deporte.

Sobre lo mentado hay varios incidentes con Rosendo Hernández que ya no tienen importancia debido al tiempo transcurrido, pero que aún perduran en mi memoria:

 

León

¡Tranquilo León, tranquilo!

Transcurría la temporada 1962-63 con el entrenador Rosendo Hernández, que era muy partidario de dar oportunidades a los valores de la cantera. Desde el primer partido de liga hace debutar a Rafael, Germán y a León, procedentes de la Selección Juvenil Campeona de España.

Se daba la coincidencia que Espino y Rafael eran naturales de Tarifa Baja, mientras que León era de Tafira Alta, cerca de la Cruz del Inglés. Espino que reaparecía tras su larga inactividad y dado que León tenia solo 19 años, se consideró en el deber de ayudar y apoyar al joven canterano. Le animó de forma constante con la finalidad de quitarle presión. Cada vez que el joven extremo participaba en alguna jugada Espino le gritaba:

 

¡Tranquilo León, tranquilo!

 

Espino seguía repitiendo la misma frase en la creencia de que sus palabras ayudarían al chico. En un balón que venía por alto, León trató de disputarlo con el defensa pero Espino le grita: «¡tranquilo León!, ¡tranquilo!»·. El balón siguió hacia la demarcación de Espino, pero un contrario actuando con rapidez interceptó la trayectoria del esférico.

Rosendo Hernández, realmente encolerizado, se levanta del banquillo y dirigiéndose a Espino en alta voz le espeta: «¿cómo que tranquillo, tranquilo? ¡Quién tiene que estar tranquilo es usted!».

 

 

 

 

CON EL CORAZÓN NO SE JUEGA, SE JUEGA CON LA CABEZA

 

El entrenador Rosendo Hernández, muy temperamental y con un lenguaje incendiario reprendía en alta voz a la mayoría de lo jugadores. Sin embargo, por extrañas razones que no comprendemos, no era lo mismo con Juanito Guedes, a quien alentaba en todas sus acciones. En una ocasión Espino pasa un balón desde el centro del campo al extremo Gilberto I, quien no llega a comprender su intención y el esférico sale fuera de banda. Entonces Rosendo Hernández le grita a Espino: «¡con el corazón no se juega, se juega con la cabeza!» Esta frase era muy socorrida por el técnico palmero.

Santiago Espino, que estaba cansado de tantos improperios se dirige al banquillo canario y poniéndose a solo un metro de Rosendo Hernández, lo mira fijamente, dándose una situación muy incómoda para ambos. Juanito Guedes se reía mucho con estas expresiones y cuando ambos se peleaban en la circunferencia central por apropiarse del balón, le gritaba a Espino,¡ con el corazón no se juega, se juega con la cabeza! a lo que Espino le respondía: «¡cállate, tú solo podrás hablar cuando hayas jugado como yo ante el Real Madrid de Alfredo di Estéfano en el Santiago Bernabéu!» Eran sus dialogo constantes.

Como ya hemos relatado con anterioridad, Santiago Espino ficharía en el Atlético de Ceuta y los dos amigos tomaron rumbos diferentes. La primera vez que ambos se enfrentaron saliendo vencedor el cuadro ceutí, se fotografiaron para la posteridad. Santiago Espino sería siempre un destacado jugador en todo su periplo peninsular dadas sus grandes condiciones rematadoras y su facilidad realizadora.

En la imagen Juanito Guedes y Santiago Espino, grandes jugadores y amigos en el Alfonso Murube de Ceuta.

 

Espino

 

 

 

Lo único que puedo decir de Juanito Guedes es que no solo fue el mejor jugador de la U.D. Las Palmas, sino también mi mejor amigo.

A veces le pregunto a Dios la razón de llevarse a una persona tan noble en plena juventud, con familia, y cuanto más le sonreía la vida, pero nunca he encontrado la respuesta.

Juanito Guedes, cuando muchos decían que yo tenía un tumor y yo vivía mis mas dolorosos momentos me infundió esperanzas diciéndome que no tenía nada y que me encontraba mejor que nunca.

Yo quise pagarle con la misma moneda y cuando fue operado por primera vez en Barcelona vino a mi casa y me dijo con semblante triste: “la gente dice que tengo una enfermedad y que dentro de poco no volveré a jugar al fútbol”. Yo poniendo mi mano sobre su hombro le dije: «lo mismo decían de mí, o ya no te acuerdas. No tienes absolutamente nada». Te veo físicamente mejor que nunca, entonces Juanito Guedes cambió su semblante y comenzó a sonreír diciéndome: «siempre has sido un buen amigo y eres sincero. Sé que no te equivocas. Eres creyente como yo y sé que Dios me va a ayudar y me recuperaré pronto”.

Quedamos en vernos. Me hubiese gustado darle la alegría que él me dio a mi pero no pudo ser. La vida sigue su curso, pero las secuelas van quedando dentro. Sé que nunca podré olvidar a Juanito Guedes.

Trato de no mencionar el tema y nunca he querido hablar para ningún medio de comunicación sobre su figura.

Sé positivamente que algún día volveremos a vernos y ese día a tenor de la fugacidad de la vida no tardará mucho en llegar.

Juanito Guedes era muy bromista y se reía mucho con mi forma de ser, de las cosas que me pasaban y mi manera de contarlas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

EL GRANADA SE IMPUSO A LA U.D. LAS PALMAS EN LOS OCHO MINUTOS FINALES.

VEGAZO DESAPROVECHÓ UNA PENA MÁXIMA EN EL PRIMER TIEMPO.

BUEN DEBUT DEL META OREGUI Y EFICAZ LABOR DE APARICIO, SAMBLAS, TONONO Y GUEDES.

Tras la abultada goleada en el Estadio del Armajal y ante el Cartagena, la U.D. Las Palmas volvía a caer derrotada ante el Granada.

En este encuentro ante el club granadino en los Cármenes, el guardameta vasco Ignacio Oregui, tendría una destacada actuación en su debut, realizando tres soberbias paradas cuando ya en las gradas se cantaba gol.

 

IGNACIO OREGUI: ACROBACIA, AGILIDAD Y DESTREZA EN ESTADO PURO

 

Llegué a la U.D. Las Palmas poco antes que Juanito Guedes, aunque paradógicamente él debutaría antes, en la temporada 1960-61, recién llegado del Porteño tras sus grandes éxitos en la Selección Juvenil Nacional. Mi llegada y estancia en la isla fue con motivo de cumplir el servicio militar.

Un año antes del fichaje de Juanito Guedes, yo jugaba en la U.D. Las Palmas Aficionado, y aunque era titular y mis actuaciones eran del agrado de los mandatarios del club y aficionados, ser guardameta de La U.D. Las Palmas era tarea complicada.

A finales de la temporada 1959-60 aún estaba José Casas Gris (Pepín) que era una leyenda inamovible.

Muy pronto, tras el descenso a Segunda División, el guardameta valenciano sería traspasado el Real Betis, facilitándome la subida al primer equipo.

No obstante, quedaba Antonio Betancor, que había sido suplente de Pepín durante muchos años, Ulacia que había llegado en 1957 de la mano de Ignacio Urbieta y la incorporación de Bermúdez.

Todos tenían mayor experiencia que yo. Ello significaba esperar relegado a la suplencia.

Las oportunidades de los guardametas distan mucho de las de los jugadores de campo, que tienen un amplio abanico de posibilidades en diferentes demarcaciones. Luego, también había otros porteros que entrenaban con el primer equipo como Angulo, Alberiche, Colina o Grisaleña, que igualmente contaban como futuros porteros del club.

Atrás había dejado mi pueblo natal de Bergara y mis raíces norteñas.

 

Panorámica de la localidad de Bergara
 

En aquellos años era muy complejo para un chico vasco de extracción rural venir a una isla como Gran Canaria, con la intención de residir en ella. Todo el archipiélago canario quedaba muy lejos en aquella época y hablar de las islas a una familia de un caserío o pueblo rural vasco era como referirse a los confines del universo. La forma de vida y costumbres eran muy diferentes.

Mis padres poseían un caserío y finca en Bergara, y toda la familia vivía en un entorno rural trabajando en la agricultura. En puridad, la vida en el campo es muy dura para toda la familia pero también tenía su belleza y su encanto bucólico. Los lugareños eran personas muy arraigadas a su terruño y de costumbres muy vascas.

Llegar a una isla tan cosmopolita donde comenzaba a surgir el turismo como primera fuente de riqueza me causaría gran impresión. Aunque en aquellos años de finales de los cincuenta y principios de los sesenta, distaban mucho de la actualidad.

De todas formas, España comenzaba a mejorar paulativamente con la ayuda de Estados Unidos y el desbloqueo de los países aliados. Los efectos de la posguerra iban desapareciendo gradualmente.

Como es natural, sentía nostalgia de mi tierra y familia pero con el transcurso del tiempo me fui adaptando a la isla. Siempre he resaltado la hospitalidad de los canarios en mis inicios. Tengo un grato recuerdo de mi paso por el Aficionado de la U.D. Las Palmas, todos me acogieron espléndidamente.

 

Ignacio Oregui, cuando militaba en el Aficionado de la UD Las Palmas.

 

 

Yo había sido el único miembro de la familia que había estudiado a nivel superior cursando la carrera de delineante y tenía un empleo asegurado en una empresa solvente del sector.

Por otro lado, toda mi familia y vínculos afectivos estaban en el País Vasco. También la empresa me había prometido seguir en mi puesto de trabajo al regresar del servicio militar, gesto de extrema generosidad que nunca olvidaré.

Aunque en la isla me habían tratado magníficamente yo tenía claro regresar a mi pueblo, seguir mi vida y tradiciones en la tierra que un día me viera nacer.

Sin embargo, todo daría un giro sustancial al presentarse unas circunstancias inesperadas.

Cuando finalizó el periodo militar en el ejército del aire, le hice saber a los rectores del club que estaba muy agradecido por el trato y mi intención era tener la oportunidad de despedirme de todos. Yo había contactado con la agencia de viajes y tenía reservado el pasaje.

Debía marcharme con la mayor celeridad ya que mi familia me esperaba y tenía muchas obligaciones que cumplir.

El caserío y las tierras nos daban para vivir cómodamente pero sin grandes lujos. La alimentación era la base principal en aquellos años de posguerra y nosotros siempre estuvimos muy surtidos.

Los amigos del pueblo eran personas muy rectas con sus propios códigos morales y de conducta basadas en las tradiciones con costumbres muy vascas.

El presidente Juan Trujillo Febles, Honorio Mozón y el secretario general me citaron en la antigua sede social de La Plazoleta de Luis Antúnez, nº 1.

 

Antigua sede social de la Plazoleta Luis Antúnez donde Oregui se reunió con los rectores de la U.D. Las Palmas.

 

Pensé en un primer momento que era para despedirse, pero todos sentados a mi alrededor comenzaron a dar cifras todas con escalas según los partidos que llegara a jugar. Algunas de las propuestas eran realmente tentadoras. Recuerdo que todos hablaban y hablaban mientras yo permanecía en silencio. Cuando terminaron les dije que agradecía profundamente el interés por contratarme pero que mi decisión era firme.

Como veía que a pesar de todo no aceptaban mi negativa pensé que pidiéndoles una cifra desorbitada viniendo de un jugador joven y sin experiencia como yo, la rechazarían de plano y me podría ir tranquilamente a mi tierra. Les dije que era muy difícil quedarme por múltiples factores de índole familiar, pero que si me llegaba una oferta de 100.000 pesetas de prima de fichaje, más sueldos y primas por partidos como el jugador mejor pagado de la plantilla, me lo pensaría.

La sorpresa había sido mayúscula e inesperada. Mientras don Jesús García Panasco me miraba atónito, el presidente Juan Trujillo, en voz alta y airada, me dice: “¿pero bueno, usted está hablando en serio o esto es una broma de mal gusto?. Yo me levanté agradeciéndoles su interés y oferta pero advirtiéndoles que mi decisión ya había sido tomada y que como las posturas estaban tan lejanas no había más que hablar. Les di las gracias y un fuerte apretón de manos.

La despedida fue correcta y elegante, aunque obviamente, no tan afectuosa debido a la gran decepción que se habían llevado.

Como la mayoría de jugadores foráneos y de otras islas vivíamos en la pensión de Dª Dolores, una gran señora con un sentimiento maternal hacia todos nosotros. Al regresar del club pensé en realizar las últimas gestiones en la isla y despedirme de todos los compañeros. Pero una determinada circunstancia iba a cambiar el rumbo de los hechos.

Jorge Quintana.

Al día siguiente, muy temprano en la mañana me avisan que alguien pregunta por mí en recepción, argumentando que era una gestión urgente. No tenía idea de quién podía ser a aquellas horas, algo poco frecuente en mi rutina diaria.

Cuando bajé las escaleras y vi el rostro del empleado del club, Jorge Quintana, a quien todos llamaban Jorgito, pensé que venían de nuevo a lo mismo.

En un tono algo agitado y nervioso, me dice que me esperaban en el club lo antes posible. Hasta aquí todo parecía normal pero cuando el empleado de la entidad me entrega un sobre y me dice que cuente las 100.000 pesetas que había dentro, me quedé estupefacto…

Yo en realidad había puesto aquellas condiciones con la única finalidad de que no aceptaran y me dejaran marchar.

 

 

 

 

 

 

 

 

Paco Campos.

Tras fichar en la U.D. Las Palmas, el secretario general don Jesús García Panasco, que tenía un gran poder de convicción me dijo en el club que había sido un buen fichaje por ambas partes y era una gran oportunidad de cara a mi futuro como jugador profesional. Tenían una fe ciega en mis condiciones como guardameta y lo demostraron con creces.

 

De regreso a casa en el periodo estival pensé que había tomado la decisión correcta dado que aquella cantidad no la podría haber ganado como delineante jamás. Por otro lado me daba la oportunidad de ayudar a mi familia, a remozar y ampliar el caserío y los terrenos de la finca dotándola de todo lo necesario, algo muy beneficioso para toda la familia.

Recuerdo que le entregué a mi madre 75.000 pesetas, quedándome con 25.000 pesetas para mis gastos, una vez de regreso en la isla.

Debo admitir que a pesar de la seguridad económica me costó separarme de mi familia y de mi entorno.

Era decir adiós a muchas vivencias para tomar un rumbo desconocido. No obstante, todos comprendieron que era una gran oportunidad de prosperar en mi vida y yo tenía la posibilidad de regresar todos los años de vacaciones.

Mi debut en la U.D. Las palmas sería en los Cármenes ante el Granada, dándome la oportunidad el técnico Paco Campos, que había sustituido a Casimiro Benavente.

 

 

 

 

 

 

El guardameta Oregui en un partido de rivalidad isleña ante el Tenerife.

 

 

Juanito Guedes, un jugador integral, indispensable en el núcleo de creación del equipo

 

Conocí a Juanito Guedes desde su militancia en el Porteño Regional y en la Selección Juvenil. A diferencia de muchos jugadores, su debut se produjo poco después de fichar en el club.

Me admiraba su confianza y valentía aún en edad juvenil. El equipo había descendido a la Segunda División la temporada anterior y el club entraría en una grave crisis económica y deportiva. El técnico Casimiro Benavente le daría la oportunidad de debutar muy joven y no precisamente en la mejor época de la entidad.

Aunque era un jugador excepcional, jugar en aquellos campos de Segunda División de la época enfrentándose a jugadores veteranos no era un camino de rosas. Nosotros teníamos un equipo muy modesto. Todo cambiaría cuando se fueron incorporando jóvenes canteranos de gran valía.

Juanito Guedes era un jugador polivalente y destacaba en todas las demarcaciones, aunque su espacio natural era la zona del centro del campo desde donde organizaba todo el juego del equipo. Desde su primera temporada en el club ya le nombrarían el mejor deportista del año. Le costó mucho llegar y los principios fueron duros.

Todo el juego recaía en sus botas y tenía que realizar un gran esfuerzo para cubrir varias demarcaciones a la vez. La llegada de Germán y Correa le benefició mucho, dado que tenía una mayor libertad de acción. Los tres eran jugadores creativos de gran nivel. Formaban una especie de rombo con Juanito Guedes en una posición más retrasada, normalmente recibía el balón de la defensa y lo proyectaba al ataque, bien a base de pases de larga distancia o combinando con Correa y Germán.

El equipo fue adquiriendo experiencia hasta consolidarse subiendo a Primera División.

Tras algunos años de adaptación donde Juanito Guedes adquirió un gran prestigio a nivel nacional proclamándose campeón del mundo con la Selección Militar, era el auténtico referente del equipo y su popularidad crecía día a día, siendo pieza fundamental con todos los entrenadores desde su debut con Casimiro Benavente, Paco Campos, Rosendo Hernández, Vicente Dauder, Juanito Ochoa , Luis Molowny y Héctor Rial, a pesar de las deficiente temporada 1966_67 con Juanito Ochoa, destacaría sobremanera en lo individual jugando todos los encuentros de Liga y Copa del Generalísimo.

Con la llegada de Luis Molowny, el club decidió contratar a Gilberto II, que con Martín II y José Juan, potenciarían el equipo considerablemente. Tanto Juanito Guedes como Germán se sentían reforzados con el continuo bregar del jugador tinerfeño.

Fueron nuestros dos mejores años y el pináculo de celebridad de Juanito Guedes que era todo en el equipo.

Fue un jugador muy querido por los aficionados dada su gran sencillez. La mayoría de aquellos jugadores conviviríamos cerca de una década juntos y todo ello se nota a la hora de adquirir ciertos automatismos.

Lo admirable de aquella etapa es que habiendo transcurrido medio siglo aún se recuerde la figura de Juanito Guedes como si fuera ayer.

El fútbol ha cambiado sustancialmente y por el club han pasado muchos jugadores, algunos de ellos de enorme calidad, pero tras su fallecimiento aún no hemos visto un futbolista de su carisma y personalidad.

 

El guardameta Ignacio Oregui mostrando su alegría tras la victoria amarilla en el Nou Camp.

Equipo que se proclamaría Subcampeón de España en la Liga Nacional. De izquierda a derecha, de pie: Oregui, Aparicio, Tonono, Martín II, Castellano y Guedes. De rodillas: León, Gilberto II, José Juan, Germán y Gilberto I.

 

Ignacio Oregui
 

Despedida de la Liga en el Estadio Insular con victoria sobre el Real Jaén por dos tantos a uno.

La U.D. Las Palmas resuelve el encuentro en la segunda mitad con dos goles de Erasto, uno de ellos de penalti al guardameta Foria

que fue el jugador más destacado en el bando visitante.

Alineación de la U.D. Las Palmas que vencería al Real Jaén en la última presentación del equipo canario en el Estadio Insular: Oregui, Aparicio, Torrent, Tonono, Guedes y Samblas. De rodillas: Juan Luis, Tacoronte, Erasto, Ríos y Blanco.
Equipo del Real Jaén en el Estadio Insular: Foria, Pedrito, Méndez, Rebellón, Victor y Ojeda. De rodillas: Roman, Padilla, Arregui, Conesa y García.
Los capitanes de ambos equipos, Aparicio y Arregui con el árbitro y los jueces de línea.
Banquillo canario. En la imagen el entrenador canario Paco Campos se despedía de la afición en el último encuentro en el Estadio Insular tras realizar una brillante campaña. Le acompañan en la instantánea Pepe González (masajista) Bermúdez, Sr. Toledo (delegado) y Carmelo Campos.

 

 

BUEN CIERRE DE LIGA DE LA U.D. LAS PALMAS CON VICTORIA ANTE EL ALBACETE POR DOS TANTOS A CERO

Sobre el encuentro ante el Albacete poco más que contar, exceptuando la coordinada actuación del equipo destacando de nuevo el extremo Juan Luis que realizaría una gran campaña tras la llegada del técnico Paco Campos, que junto a Erasto serian los goleadores del equipo amarillo.

La U.D. Las Palmas debería seguir esperando una nueva temporada para intentar conseguir el deseado ascenso.

Los aficionados canarios residentes en la península prefirieron viajar hasta La Condomina de Murcia para presenciar la final del Campeonato de España de Selecciones Juveniles entre  Castilla y Las Palmas, donde los ´Diablillos Amarillos´dirigidos por el técnico Luis Molowny se proclamarían en homérica gesta Campeones de España por primera vez en la historia del fútbol canario.

 

 

23 de abril 1962

 

 

 

 

 

 

2 de mayo 1962

 

 

 

 

 

23 de junio 1962

 

 

 

 

9 de julio 1962

 

 

 

 

 

JUGADORES TEMPORADA 1961-62

 

 

 

 

 

 

 


 

TEMPORADA 60 / 61


TEMPORADA 61 / 62


TEMPORADA 62 / 63


TEMPORADA 63 / 64


TEMPORADA 64 / 65


TEMPORADA 65 / 66


TEMPORADA 66 / 67


TEMPORADA 67 / 68


LA U.D. LAS PALMAS SE PROCLAMA SUBCAMPEÓN DE LIGA EN LA MEJOR TEMPORADA DE SU HISTORIA


TEMPORADA 69 / 70


TEMPORADA 70 / 71